Como era demasiado temprano, para desayunar en algún lugar debía esperar. Usé uno de los baños a monedas, cuarenta centavos de euro, vienen con una máquina lavamanos.
Era la calle que llegaba al arco, en el medio tenía una plaza suficientemente grande como para alojar un mercado de feria (uno de esos típicos mercados de feria francés). Muy pintoresco, todos eran negocios familiares, y toda la familia colaboraba.
Yo estaba muriéndome de hambre. Al pasar por una panadería me quedé pensando que comprar, y la chica que atendía me ofreció probar un budín de chocolate. El chocolate no me gusta, pero el hambre me hizo sucumbir. Terminé comprándome algunas cositas para el día.
Encontré una plaza oculta en reconstrucción cerca del área donde se encontraba el mercado. Era un lugar muy interesante para ver o estar, pero bueno, cerrado por la obra. Seguí mi camino.
Los shoppings estaban llenos, me metí en uno para ver los precios, era un Fnac -igual a la cadena que está en Madrid-, tenía los mismos productos de siempre, quizá más variados (más opciones, otros colores) y con precios ligeramente superiores, pero superiores al fin.
Recorrí los Champs-Elysées de día. A la altura del Grand Palais des Beaux-Arts; y del Petit Palais -uno en frente del otro, el último bajo una más intensa reconstrucción-, me desvié para contemplar la maravilla de esa construcción.
Al salir contemplé nuevamente la belleza del edificio y sus decoraciones.
Saqué unas fotos al museo y decidí irme hasta el Café de Flore, lleno de gente. ¿Qué tenía este lugar de especial?: era un café al que iban algunos de personajes de la escena artística, escritores, yo sabía de Albert Camus (L'Etranger).
Notre-Dame se encuentra en la Ile de la Cité, una isla en medio del río Sena. Este lugar es sagrado desde los tiempos romanos (hubo un templo a Júpiter). La catedral es una obra sorprendente, es "la" construcción gótica por excelencia (al menos en Francia) y eso se ve fácil. Ya había pasado de noche y es tan impresionante como de día, ocupa casi dos manzanas. Aunque tardaron trescientos años en construirla, llega a tener novecientos de antiguedad.
Muy cerca de la catedral está el Palais de Justice, como empezó a llover en este momento. La Rue de Lutèce estaba cubierta por lluvia y gente con paraguas, salvo alguien, el primitivo que iba parando en los árboles para no mojarse tanto, yo.
Alrededor del cuadro habría aproximadamente 6x2 metros de personas empacadas que alzaban cámaras de todo tipo y flasheaban constantemente. Al grito de 'fuego a discreción'.
Me puse a recorrer el resto de pinturas italianas, francesa, españolas, esculturas, etc. La otra estrella es la Venus de Milo. Mucho antes de terminar el plan básico, cerraban el museo. Volví para el hotel que me había gustado ayer por la calle Tiquetonne, esa zona estaba con plena actividad. Hoy quería dormir y me tenía que asegurar de encontrar un lugar. Los locales estaban repletos, había desfiles, actuaciones. En este momento, caminaba sólo por inercia.
Pensé en ducharme (aprovechar la inversión) y luego tirarme un rato, con energías renovadas, subiría a la torre Eiffel para cenar y luego sacarle una foto al esqueleto prendido en luces. Pasar por la Bastilla. Ubicar la Gare du Nord para tomarme el tren al aeropuerto.
Fuí caminando hasta la zona del hotel, cuando crucé el Sena ví la torre Eiffel por primera vez, impresionante, no sabía que tenía un faro arriba. Dos haces opuestos de luz son proyectatos sobre la ciudad, y todo el esqueleto de la torre tiene iluminación en su interior. Al verla me pareció más grande de lo que la imaginaba, sobresale mucho entre los edificios. Si seguís mirando ves la isla en medio del Sena, donde se encuentra Notre-Dame.
Todos los lugares estaban llenos, y cada tanto veías un grupo de irlandeses recorriendo buscando los bares irlandeses, en varias ocasiones me preguntaron como llegar, recién al segundo día podía responderles con certeza. El bar irlandés más grande era una fiesta que llegaba hasta la calle, la gente sobre las mesas y cantando, todos con algo verde (al menos una bufanda). Lo raro fué para mí que no había muchas mujeres irlandesas. Veía incrédulo a los locales parisinos, generalmente asiáticos, de la generación del 70, una de las cosas que más me sorprendió. Al principio pensé que eran los turistas de China y Japón, pero cuando los escuché charlar en francés, usar sus móviles y meterse en restaurants para cenar con amigos se hizo evidente. Había leído de las olas de migraciones a París en alguna parte. La población de París que yo ví era en parte europea, luego de india, gente de áfrica y la mayoría asiática. Los supermercados chinos, eran supermercados indios en París. La gente que salía de noche tenía toda la plata, los veías en su Porsche saliendo del garage llamando a los otros por el cel.
Me metí en un restaurant cerca de la zona de Saint-Eustache, lleno de lugares para cenar. Como no estaba más en España, tristemente sólo había un plato principal y una entradita. Entonces elegí una ensalada, lasagna de salmón y 500 centímetros cúbicos mousse de chocolate para el postre (a pesar de que no me gusta el chocolate, era deliciosa). El menú es bien mediterráneo, mucha pasta y aves, más parecido a restaurants argentinos que los de España.
Para llegar al lugar que buscaba atravesé una plaza muy bella, cerca de lo que es la Place de la Bourse, Bourse de Paris - Palais Brongniart, una plaza circular que rodea un edicificio circular, la bolsa de comercio. Una plaza con el estilo del siglo XIX, columnas de acero enredadas por plantas florecidas sosteniendo parras, muy espacioso, todo iluminadísimo, no había nadie más que yo.
Por todos los lugares que pasaba me detenía a mirar, al final cuando llegué al hostal estaba lleno -se llenó con los que venían adelante mío al entrar-, el tipo que atendía me dió indicaciones para ir a otro. La idea de conseguir una habitación compartida no me convenció tampoco, guardé la dirección y tomé otro rumbo.
Las bocas de acceso al subterráneo en las cercanías de Louvre, están hechas con estilo art nouveau, cuando ves eso comprendés la atención que se le presta a los detalles, hasta que nivel.
Sobre la misma avenida del Louvre, hay muchisimos lugares para salir, bares, fiestas, más para parisinos que para turistas, más para parisinos de plata.
Place de la Concorde, en el centro un obelisco decorado con motivos egipcios rodeado de cuatro fuentes.
Después el último tramo para llegar a la Place Charles de Gaulle-Etoile, y el arco de fondo, estaban restaurándolo así que la parte de arriba estaba apagada.
Al fin llegué, cuando la ví me quedé a comntemplarla mientras amanecía, faltaban horas nada más. Había estado caminando toda la noche y se hizo evidente. Mucha gente estuvo en la madrugada tomando fotos, charlando.
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La atención en el vuelo fue espléndida, yo pensaba que no servirían nada y de golpe, trajeron una bandeja con dos croissant, uno de jamón y otro queso, galletitas dulces y saladas, queso untable, manteca. Ofrecían un opcional de vino creo que a un euro, a mi derecha, un acompañante lo precisó. Luego hubo otra ronda de bebidas y café. Con esa bandeja mi anhelo gourmet había desaparecido.
El lugar estaba completo cuando llegué asi que esperé unos minutos hasta encontrar ubicación, de paso, lo recorri con la mirada: tiene el estilo típico del siglo 19, esperaba que la mayoría de la clientela fuese turista, pero también es un sitio frecuentado por locales. La atención es de lo mejor, realmente la atmósfera es muy agradable.
Tiene dos plantas, la baja y la alta, también se puede aprovechar la terraza, afuera, casi sobre la vereda. Es una esquina muy concurrida y rodeada de comercios. La zona es el 6th Arrondissement, cerca de Saint Germain des Prés (la estación de metro del mismo nombre). Yo fuí de tarde, pero está abierto diariamente desde las 7hs de la mañna hasta la 1:30hs de la madrugada. Según tengo entendido, se hacen lecturas en la planta alta a la tarde, no logré presenciar ninguna.
El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.
Miguel de Cervantes Saavedra

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